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¿Bendecida yo? Desmontando mitos…

Estamos en la época en las que las mujeres hemos encontrado la manera de destacarnos en todas las actividades que nos proponemos. Somos profesionales, madres, esposas, amigas, hijas y de paso, como se dice por ahí ¡todo lo hacemos en tacones! Lo que me llama la atención es que un reducido grupo de mujeres también se han dedicado a hacerle creer al mundo que los logros llegan por sí solos. Un día te levantas y como por arte de magia eres lo máximo, ¡pues no! Déjame decirte que no es así.

Algunas chicas se pavonean de ser las más bendecidas y afortunadas del planeta, autodenominación que por cierto me parece de lo más patética posible. ¿De verdad creen que son afortunadas por tener muchos seguidores en las redes sociales? Si es así, siento decirles que están careciendo totalmente de sentido común. Día a día veo como muchachas jóvenes, bonitas y en algunos casos, inteligentes, se exhiben cual pieza disponible al mejor postor. Muchas personas que me lean dirán que la belleza es para utilizarse, que deben aprovecharse los atributos que “Dios nos dio”, pero en lo que estoy en desacuerdo es que se pretenda “hacer creer” que las cosas vienen fáciles.

Esto de ser bendecida y afortunada es una verdadera disyuntiva, porque si bien es cierto que la juventud es la etapa donde debemos aprovechar de hacer todo lo que podamos, también debemos ponerle seriedad al asunto. No creo que sea una bendición tener 30 años y vivir como una rémora alojada en casa de tus padres, o peor aún, sentirse afortunada porque las tetas de las que presumes se las sacaste a un viejo verde que podría ser tu abuelo. Es complicado, pero es lo que a diario estamos viendo. Incluso desde la casa, los valores se han visto tan afectados, que he escuchado de primera mano a madres diciéndoles a sus hijas que lo que tienen que hacer es conseguirse un marido que las mantenga, uno con el que aseguren su futuro. Una anécdota que se me viene a la mente es el caso de una muchacha a la que conocí hace años por ser la novia de un buen amigo; durante algún tiempo esa relación marchaba tan bien que hasta decidieron casarse. Ella se fue del país por una buena oportunidad laboral y ¿qué pasó? Que al cabo de unos meses, la caraja estaba “bendecida y afortunada” viviendo con un viejo rico, que por lo menos le triplicaba la edad. Se preguntarán que pasó con el esposo, bueno, él se quedó aquí esperando como la “loca del muelle del San Blas” y ella volvió solo en el momento que les tocó firmar el divorcio. ¿Pero esta es el fin de la historia? ¡No! (Sí, hay más) Luego de un par de años el viejo se murió y dejó a la chama forrada en billete, viuda y feliz. Con decirles que esa caraja no había llegado ni a la Guaira y hoy vive en un país nórdico. Entonces, ¿realmente es una mujer bendecida? Nada que ver, lo que es una aprovechadora, que vio una oportunidad y prefirió eso a una buena vida antes que construir una relación junto a quien la apreciaba. Y como este cuento podríamos estar escribiendo y escribiendo y las historias nunca acabarían.

¿Y quiénes son las bendecidas? 

Yo soy de las que piensa que es bien sabroso tener las cosas por mérito propio, no hay nada más satisfactorio que lograr tus metas sin “deberle el favor a nadie”. Además que tener las cosas a punta de “totona” no es el método más recomendable. ¿El más efectivo? Quizás… Pero, ¿cómo se ve afectada tu reputación? ¿Cómo te ven los demás? Y no me vengan con el cuento de que no les interesa la opinión de la gente, porque si eso fuera cierto, ¿para qué exhibir las lolas 44DD que te mandaste a poner? Ser bendecida, en mi opinión muy particular, se trata más de los talentos y capacidades que tengas y que desarrolles a lo largo de la vida para alcanzar lo que te propones; contar con amigos fieles, tener una buena familia, una pareja que te complemente, criar buenos hijos, eso sí que es una bendición. Así que, ¿bendecida yo? ¡Totalmente! Y no precisamente por mis atributos físicos, que como todas las mujeres los poseo, sino porque en mi haber existen cosas que definitivamente me hacen más afortunada que cualquiera… Y tú, ¿qué tan bendecida eres?

Aura Brito
Aura Brito
Consultora en Social Media y Estratega Digital. Contadora de profesión, con más de 15 años de experiencia directiva y gerencial en empresas venezolanas de sectores del retail, comida rápida, ventas y consumo masivo. También me he desempeñado como profesor universitario en las cátedras de Derecho y Contabilidad. Apasionada emprendedora, he desarrollado diversos proyectos comerciales personales, siempre enfocados en el servicio, la atención al cliente y las ventas; y apoyados en las nuevas tecnologías de la información. Community Manager y Bloguera de empresas del sector de la papelería, coaching, psicología, diseño web, marketing, gastronomía y ventas, entre otras.

3 Comments

  1. He leído posts buenos tuyos… ¡PERO ESTO ES LO MÁXIMO!

    Más allá de que conozco a los referidos en el post, entiendo y comparto totalmente lo que expresas… Siempre lo digo: si te comportas como UNA PUTA, no esperes que te traten como una dama… ¡es así!

    ¡Este post hay que compartirlo en todas partes!

  2. Alexandra dice:

    Ciertamente y en total acuerdo contigo Aura, yo también me considero bendecida y mas allá de un tener un buen atributo físico (que muchas veces es postizo) el mejor atributo que tengo es mental, de nada sirve tener él mega cuerpo y pensar que vives es Disney..
    Esperemos que en algún momento las mujeres dejen de exponer sus cuerpos y muestren de verdad sus cualidades a través de sus logros profesionales, en la manera que crían a sus hijos y se superan sin atenerse a terceros eso demostrara que verdaderamente las mujeres somos bendecidas por la capacidad que tenemos para resolver problemas y salir adelante cuando no los proponemos.
    Yo definitivamente soy bendecida

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